La batalla de Cerro Prieto

Por: Marcelino Martínez Sánchez
La dictadura porfirista caracterizada por la crueldad con que respondió a las inconformidades del pueblo, tuvo muchos aduladores que reconocieron a Porfirio Dìaz como “ el héroe de la paz”, en tanto que el pobre y analfabeta sabía por experiencia propia que la única paz que ofrecía el dictador, era la paz de los sepulcros.
El lema de “ mátalos en caliente ” lo acuñó tras la feroz represión aplicada a los rebeldes de Tomóchic y el enfermo castigo que dio a los huelguistas de Orizaba, Acayucan, Río Blanco y Cananea.
Injusticia y oprobio acumulados en minas, industrias, en tiendas de raya y el ejercicio caciquil de gobernantes que en la ciudad y el campo provocaron el alzamiento nacional convocado para el 20 de noviembre de 1910, siendo el pueblo de Chihuahua que en inmensa mayoría acudió no sólo oportuno sino con anticipación como sucedió en Cuchillo Parado, Chavarría y San Isidro.
Sabido es que el campo chihuahuense, principalmente la región noroeste fue la que más sangre aportó a la lucha revolucionaria, Chihuahua perdió lo mejor de su juventud , como pago por quitar el gobierno de abusos para las inmensas mayorías de miserables y desmedidas concesiones para la aristocrática, casta de favorecidos por el régimen.
Para el gobierno federal, lo que sucedía en Chihuahua en esos días de noviembre no eran para alarmar a nadie, concluían que se trataba de acciones desordenadas causadas por partidas de bandidos y facinerosos que las tropas pronto meterían al orden con ejemplar castigo. Memoria fatal, olvidaron la lección tomochiteca, porque en la región de Guerrero, grupos de alzados amenazaban seriamente con tomar aquella plaza. Para detener el foco de insurrección serrano, la zona militar envió con su comandante Juan J. Navarro un cuerpo de las tres armas, suficiente para eliminar a los sediciosos, efectuándose el encuentro en Cerro Prieto el 11 de diciembre de 1910, el citado lugar tenía significancia política por tratarse de una cabecera municipal y el carácter de la batalla tuvo tintes de sadismo, porque los rancheros metidos a revolucionarios fueron masacrados por el ejército porfirista, muriendo mucha gente de San Isidro; como Tadeo Vàzquez, muchos de Bachíniva y el jefe de los que provenían de Guazapares; Francisco Salido, alcanzado por el estallido de una granada. Al tomar la plaza los federales fusilaron a muchos civiles acusados de simpatizar con los rebeldes, el comportamiento sanguinario del ejército sólo sirvió para hacer crecer el coraje y la decisión porque reagrupados días después , el 18 de aquel diciembre,. los revolucionarios propinaron en Malpaso, tan contundente derrota, que el gobierno comprendió que la revolución en el norte iba muy en serio, procediendo a concentrar las tropas y fortificar las principales ciudades, prevención que de nada sirvió porque en mayo de 1911 los grupos de Pascual Orozco, Francisco Villa, Albino Frías, Cástulo Herrera, J. de la Luz Blanco, Heliodoro Olea y otros se habían convertido en la incontenible fuerza , y con la toma de Ciudad Juárez, el pueblo en armas tiraba a la dictadura.
El triunfo revolucionario en esa etapa apenas sí pudo atenuar un poco la dolorosa herida de Cerro Prieto, pero, nunca se olvidó que Madero no permitió que los dolientes del viejo Valle de la Soledad pasaran por las armas al cruel y ya prisionero Juan J. Navarro.

Hombres de la Revolución

Profr. Marcelino Martínez Sánchez.

La ocasión nos permite pasar revista a algunos de la muy larga lista de hombres que de la región del noroeste no sólo no lo dudaron, sino todo lo contrario, sabían de qué se trataba y tomaron las armas para “arrojar del poder a la dictadura ” como lo proponía Madero en el “Plan de San Luis ”. Para rabieta de los dueños de la palabra, los mexicanos que se lanzaron a la lucha en 1910 tenían sobradas razones y no era la primera vez que lo hacían, algunos eran herederos de la lucha de Tomóchic en 1891-1892 al lado de Cruz Chávez, Santana Pérez y Pedro Chaparro; en Bachíniva Heliodoro Olea Arias había sido castigado con severidad por mostrar una inquebrantable oposición al gobierno de la dictadura, y buena parte de 1906- 1907 estuvo refundido en la tinajas de San Juan de Ulúa ; y en Temósachic, Namiquipa, Casas Grandes y Janos como magonistas habían sostenido rebeliones contra el porfiriato. Quienes participaban en los clubes del Partido Liberal que dirigían los hermanos Flores Magón y aquéllos que en los últimos meses de ese 1910 formaran grupos antirreleccionistas sólo hablaban del latifundismo, caciquismo, dictadura, cientificismo, extranjerismo y antidemocracia.
Si algo importante hay qué reconocer como factor motivante en Chihuahua para el triunfo popular en la primera etapa 1910-1911, es la formidable actividad que los magonistas habían desplegado en los estados de la frontera norte, principalmente en Sonora, Chihuahua y Coahuila. Qué a nadie extrañe que en las familias de los hombres revolucionarios del 20 de noviembre de 1910 eran frecuentes las lecturas de manifiestos, panfletos y periódicos con furibundos ataques al gobierno, que sobre todo Ricardo Flores Magón le dedicaba a Don Porfirio y los suyos.
Qué los eventos de este noviembre, en la antesala del centenario, sirvan para acordarnos de los hombres de la revolución que por su valentía y legado contribuyeron en buena medida al Chihuahua y a la Patria que hoy vemos, algunos de ellos aquí citaremos :
San Isidro.- Pascual Orozco, padre e hijo, Albino Frías, Cástulo Herrera, Marcelo Caraveo y Tadeo Vázquez.
Guerrero.- Abraham González, Abelardo Amaya y Agustín Estrada.
Matachic.- J. de la Luz Blanco.
Bachíniva.- Heliodoro Oléa Arias, Julio Agustín Acosta y Gabino Cano.
Carichic.- Julián Granados y Daniel Rodríguez.
Cusihuiriáchic.- Pantaleón Bustillos.
Chínipas.- Francisco Salido y Gilberto Valenzuela.
Moris.- Nicolás Brown.
Namiquipa.- José Rascón Tena, Juan B. Muñoz y Candelario Cervantes.
Carretas.- Máximo Castillo.
San Andrés.- Muchos de la Familia Corral, como José, dorado y lugarteniente de Villa.
Chihuahua.- Guadalupe Gardea Montes de Oca, Martín, Pablo y Vicente López Aguirre.
Casas Grandes.- Rodrigo M. Quevedo.
Cuchillo Parado.- Toribio Ortega.
Parral.- Guillermo Baca y Maclovio Herrera.
Todo el estado aportó lo mejor de sus hombres y no pocas mujeres a
la causa de la revolución.

Bibliografía.-
“ Diccionario de Hombres de la Revolución en Chihuahua”
Armando B. Chávez.
“ Crónica de la Revolución, 1910-1920 ” .
Marcelo Caraveo.

2010

Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez
Llega el año 2010; para México, año del bicentenario del inicio de la lucha independentista y año del centenario del estallido revolucionario en contra del sistema opresivo.
Durante el 2009 asistimos en el estado de Chihuahua a eventos culturales que en gran medida vienen a contribuir para el rescate de nuestra memoria colectiva. Dichos eventos no fueron sino el preludio para los festejos mayores del 2010.
El nuevo año traerá consigo una serie de expectativas y programas histórico-culturales con los cuales se pretende integrar una magna celebración nacional. El papel de los gobiernos en todos sus niveles, a través de sus respectivas dependencias –culturales y educativas-, será determinante para que el éxito corone los esfuerzos que muchas organizaciones han desplegado para que dicha celebración sea memorable.
A lo largo y ancho de nuestra entidad, la ciudadanía activa estará involucrada en el desarrollo de los eventos conmemorativos. Así lo vemos en la región del noroeste, donde comités ciudadanos y asociaciones diversas se están comprometiendo para tomar un lugar en la celebración, no solo como espectadores, sino como protagonistas.
En Cuauhtémoc, el comité regional de “Tres Siglos, Tres Fiestas” ya dio aviso, mediante los eventos organizados durante el 2008 y el 2009, de su capacidad para convocar y organizar las actividades pertinentes para los festejos.
La Presidencia Municipal de Cuauhtémoc ha determinado, a través de la Dirección de Desarrollo Social, participar como hasta el momento lo ha venido haciendo en los preparativos para la celebración. Y algo similar se espera de las alcaldías de la región.
La importancia histórica del 2010 para la comunidad en general resulta incuestionable. Se trata de un momento -¡todo un año!- para recordar y reconsiderar un pasado que nos encaminó hacia el sitio en que nos encontramos.
Por ello, la Sociedad de Estudios Históricos de Cuauhtémoc “Victoriano Díaz” A.C., también se ha comprometido a participar entusiasta y solemnemente en las actividades donde la pertinencia lo indique.
Vamos a unirnos a la gran fiesta mexicana animada por el orgullo y sustentada en la identidad histórica que nos ha dado forma a través del tiempo. Una fiesta a la que invitamos a unirse a todos los ciudadanos y organizaciones. Vamos nutriendo esta celebración, que nos hará recordar nuestras luchas como pueblo, como nación.
Que no falte, durante todo el 2010, la animación para rendir tributo a nuestro pueblo mismo, la animación para honrar la memoria de aquellos que lucharon hasta la muerte por sus ideales, la animación para hacer frente, entre todos al olvido, principal enemigo de la identidad.
La Sociedad de Estudios Históricos de Cuauhtémoc “Victoriano Díaz” A.C., desean a toda la comunidad local y regional un año nuevo que supere en satisfacción a todos los demás, y que la unidad sea la estrategia para alcanzar los propósitos.

Día del ferrocarrilero

Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez
El fogonero le dice
Jesús vamos apeando
mira que el carro de atrás
ya se nos viene quemando.

Jesús García le contesta
yo pienso muy diferente
yo no quiero ser la causa
de que muera tanta gente.

(Corrido “Máquina 501”)

El llamado “Héroe de Nacozari”, Jesús García Corona, hijo de Francisco García-Pino y Rosa Corona de García, nació el trece de noviembre de 1881, en la ciudad de Hermosillo, Sonora, y murió el siete de noviembre de 1907. Por decreto presidencial del año 1944, el siete de noviembre quedó marcado en el calendario cívico nacional como “Día del Ferrocarrilero”, honrando la memoria de García Corona y reconociendo la labor de los trabajadores de los ferrocarriles.
El martes (aunque el famoso corrido dice que es domingo) siete de noviembre de 1907, según las crónicas, Jesús García se disponía a laborar como cotidianamente lo hacia, al servicio de la compañía minera en el pueblo de Nacozari, en su estado natal. En el trayecto de la máquina que tripulaba, se llegaba a “El seis” (por la distancia respecto a Pilares), sitio del almacén de la compañía.
En “El seis”, Jesús García dejó cincuenta góndolas y luego bajó a la mina por cuatro toneladas de explosivos que debían ser desplazadas al almacén. Sin embargo, la dinamita fue colocada en los furgones cercanos a la máquina, desde la cual saltaban chispas volaban sobre el motor y la cabina. Así que los dos primeros furgones se incendiaron, haciendo un fuego incontrolable para los trabajadores.
Viendo la intensidad del fuego, Jesús García pidió a los integrantes de la cuadrilla que saltaran del tren en movimiento, luego imprimió la mayor velocidad posible para alejar el peligro de la población. Al salir del pueblo de Nacozari y llegando a “El seis”, ocurrió el estallido, provocando la muerte inmediata de García y la desintegración de la máquina, la cual era la número dos, aunque el corrido la nombra “501”.
Recordando la muerte del Héroe de Nacozari, los pueblos ferrocarrileros del país acostumbran celebrar el día con ofrendas florales, peregrinaciones, juegos deportivos y fiestas populares como jaripeos, ferias y bailes.
Los ferrocarriles representan un factor de crecimiento económico y social en nuestro país. La historia de nuestra nación tomó otro rumbo con el tendido de las vías del tren a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. De hecho el movimiento revolucionario de 1910 se vio orientado por las estrategias planteadas sobre la base de los ferrocarriles.
Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, es un centro poblacional que emerge en torno a una estación de tren. De hecho el desarrollo comercial de esta comunidad se debe a dicho punto de embarque de productos regionales. Cuauhtémoc tiene su origen al momento en que la estación de tren del rancho San Antonio comienza a operar, justo en el último día del año 1899.
A lo largo de las vías del tren, desde la capital del estado hasta la costa marítima sonorense, los trabajadores ferroviarios contribuyeron con su tarea para consolidar los proyectos de comunicación del gobierno y los grandes capitales. Hay que reconocer la tarea de los trabajadores ferroviarios, a quienes les ha llenado de orgullo el pertenecer a un gremio de valor incalculable.

Nuestra capital, a trescientos años

Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez.
A mediado de 1562 el capitán Francisco de Ibarra emprende la expedición a las tierras de lo que hoy son los estados de Chihuahua, Durango y Coahuila. Ya antes había ingresado a tierras del oeste chihuahuense, cuando anduvo por lo que hoy son los estados de Sinaloa y Sonora.
De Ibarra había sido encomendado por el virrey Luis de Velasco para que iniciara con el proceso de colonización en el norte de la Nueva España. Y gracias a dicha empresa se fundaron las primeras poblaciones de españoles en estos lugares, apareciendo en primer lugar la de Santa Bárbara, en 1567.
A la extensa región septentrional que le tocó recorrer, De Ibarra la llama Nueva Vizcaya. Será una provincia más de la Nueva España y representará para la Corona una fuente importante de riqueza. El destino de lo que después sería Chihuahua estaba señalado. Los consejeros de De Ibarra eran expertos conocedores en materia de minería y ganadería, así que el territorio chihuahuense fue reconocido de inmediato como una zona promisoria.
No siendo una misión fácil para los españoles la de poblar estas tierras, paulatinamente el dominio colonial fue expandiéndose sobre las mismas, a las cuales renunciaron –no sin lucha, por supuesto- las tribus indígenas que las habitaban. La colonización de tierra chihuahuense estuvo matizada con sangre y sufrimiento.
Los esfuerzos colonizadores transcurrieron en medio de gran disputa entre extranjeros y nativos. Los españoles tuvieron que hacerle frente a una feroz resistencia que pretendía proteger posesiones y dignidades. Las expediciones de militares y misioneros religiosos se convirtieron en empresas donde la violencia dejó su huella.
En 1652 el capitán Diego del Castillo fundó San Eulalia. Este mineral, debido a su importancia económica, será determinante en la fundación de Chihuahua, capital del estado. En 1708 Juan Fernández de Retana propuso que se creara una cabecera de los reales de minas en la junta de los ríos Sacramento y Chuvíscar, a unos cuantos kilómetros de Santa Eulalia.
La muerte de Fernández de Retana impidió la realización del proyecto aquel mismo año, pero en 1709 Antonio Deza y Ulloa, gobernador de la Nueva Vizcaya, convocó a gente de diversos oficios y profesiones a reuniones en Santa Eulalia con el fin de decidir el establecimiento de la cabecera de los reales de minas.
Los concurrentes a dichas reuniones decidieron, el 12 de octubre de 2009, la creación del Real de Minas de San Francisco de Cuéllar, al lado del río Chuvíscar. Allí surgió, entonces, un poblado que a lo largo de tres siglos ha sido, sobre todo, una manifestación de esfuerzo y éxito.
El Real de San Francisco de Cuéllar es elevado a categoría de villa en 1718, cambiando su nombre al de San Felipe el Real de Chihuahua. Es la capital del estado de Chihuahua, la ciudad de Chihuahua, llamada así desde 1824, cuando nace la federación y la provincia de Chihuahua es erigida en estado de la misma.

Estamos celebrando, a lo largo y ancho de este enorme y bonito estado, el aniversario número trescientos de nuestra capital, en cuya fundación intervinieron, por cierto, ilustres personajes de esta región cuauhtemense, específicamente de Cusihuiriachi.
Bibliografía:
Chihuahua. Monografía Estatal. SEP. Segunda reimpresión. 1997.
Almanaque del Estado de Chihuahua. Gobierno del Estado de Chihuahua. 2007.

El Ejido Cuauhtémoc

Por: Marcelino Martínez Sánchez
Antecedentes.
El estallido revolucionario de 1910 arrastró a la guerra a grandes masas de desposeídos de la ciudad y del campo, siendo los campesinos del noroeste de Chihuahua los que en gran medida ofrendaron su sangre para acabar con el régimen de abusos e injusticias que había propiciado la desmedida riqueza de unos cuantos extranjeros y nacionales, dándoles toda clase de facilidades y concesiones para explotar minas, petróleo, bosques, tierras y todo lo que constituyera fuente de enriquecimiento y opresión humana, pero sería en el medio rural donde el despojo, persecuciones y crímenes más se daría al amparo de leyes, policías e instituciones caciquiles que llevaría al mayor acaparamiento de tierra de que históricamente se sabe, donde Terrazas, Creel, Hearst, Limantour y Green eran más poderosos que muchos reyes europeos, “Chihuahua es mío”, se dice que expresaba Don Luis Terrazas Fuentes, en tanto que los Zuloaga, dueños de la inmensa llanura de San Antonio, eran la segunda familia de latifundistas.
Origen del ejido.
El gobierno antiagrarista del general Ignacio Enríquez Siqueiros y las instituciones responsables de los asuntos del campo en manos de funcionarios extremadamente mañosos; cuando no obstruían, retardaban la aplicación de la Ley del 6 de enero, el artículo 27 constitucional o la Ley Agraria local de 1921, favoreciendo abiertamente a los terratenientes en operaciones ventajosas como sucedió en la venta de las 100 mil hectáreas a los colonos menonitas que obligó a peones, aparceros y medieros de Ojo Caliente, Arroyo de Dolores, Napavéchic y El Moyote a desalojar las tierras que por mucho tiempo habían ocupado y algunos de ellos acogerse al ofrecimiento de los 200 pesos y al lote urbano que les entregaría, mientras otros se sumaban al movimiento de Belisario Chávez, del que se sabe hasta inventó campesinos para llegar al número que le pedían para obtener las tierras que querían y exigían que se les entregara. Con esos campesinos que orgullosos presumían cicatrices y versiones de heroísmo al lado de Villa, Orozco o Ángeles, el señor Chávez logró que la Comisión Agraria Mixta local los dotara provisionalmente de 7 323 hectáreas por acuerdo del 23 de septiembre de 1921, que daría origen al primer ejido del Estado de Chihuahua por resolución presidencial definitiva del 1 de septiembre de 1924, con una dotación de tierras de 4 247 hectáreas que les fueron entregadas el 23 de febrero de 1925, tras haber pasado por el amparo concedido a los Zuloaga en 1923 que los redujo a 2 743 hectáreas. Los labriegos de San Antonio sufrieron dolorosamente la división entre ser ejido o colonia, imponiéndose la primera opción. Mientras su área de viviendas crecía con el nombre popular de Santa María, asegurando que fueron ellos los que tuvieron la primera escuela de Cuauhtémoc.
Con el nacimiento del Municipio de Cuauhtémoc, 1927, y el cambio de nombre de la cabecera, el ejido también solicitó el cambio y pasó a ser “Ejido Cuauhtémoc”.
La historia de la lucha agraria en Chihuahua, señala a Cuauhtémoc como la región de México donde se sostenía con mayor vehemencia el derecho de los campesinos a la tenencia de la tierra en la forma que fuera: ejido, colonia o mancomún, y fue por la ley y la fuerza que junto con la Colonia Gardea, Centro Calles, La Selva, Rubio y muchos más que en guerra contra autoridades y guardias blancas lograron la desintegración del inmenso latifundio de la Hacienda de Bustillos, todavía hay quienes cuestionan porqué esos recios hombres permitieron que las mejores tierras fueran cedidas a extranjeros. Lo cierto es que el reparto agrario tuvo su buena cuota de sangre y hay que saber que los políticos hechos gobierno siempre han tenido más compromiso donde hay dinero de por medio.
Importancia del Ejido Cuauhtémoc.
En el desarrollo general que se observa, mucho tuvo que ver la producción agrícola y ganadera que los ejidatarios aportaron, más los usos y costumbres que calaban en el resto de la población. El ejido que alguna vez vio cruzar por su territorio el ferrocarril a Cusihuiráchic, que disfrutó del bello paisaje de la presa en el Bajío del Burro, donde abrevó la gran cantidad de animales de los ejidatarios, hoy transcurre ante los embates inevitables de su presencia en una de las ciudades de mayor movilidad en México. La influencia urbana acabó con lo que el ranchero tenían sus fiestas y ceremonias y sin chocar con violencia, vialidades, arquitectura, comercio y profesiones conviven en donde en 1925, el Presidente de la República, Plutarco Elías Calles, quiso venir a constatar lo que pasaba con los inquietos agraristas de San Antonio de Arenales y su siempre luchado e incansable Belisario Chávez Ochoa.

La cuarta cultura de Cuauhtémoc

Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez
En Cuauhtémoc es bien conocida la historia de los primeros chinos que arribaron al viejo San Antonio de Arenales y decidieron asentarse en este lugar para hacer su vida. Eran inmigrantes que arribaron prácticamente junto con el siglo veinte, para aportar a esta comunidad sus servicios y nutrirla con su cultura.
Y en este tiempo, después de cien años de su arribo, la cultura de estas personas se expresa discretamente, a través de la descendencia de aquellos primeros orientales que le apostaron a un futuro junto a la estación de San Antonio. Y el número de descendientes sí es de consideración, representando una potencia para el desarrollo de esta ciudad y su comarca.
Cuando hay una referencia cultural de Cuauhtémoc, normalmente se mencionan las formas de vida de los menonitas, los tarahumaras y los mestizos. Y en cierto momento, la descendencia china en la localidad ha levantado la voz para hacerse oír, aunque tal voluntad no ha sido muy persistente.
Y aunque al hablar del municipio de “las tres culturas” no incluye esta mención a los chinos, la participación de estos en el crecimiento económico de Cuauhtémoc ha quedado establecida sin ninguna duda en la historia municipal. Incluso en una de las ediciones del Festival de las Tres Culturas, la cultura china tuvo su lugar especial y participaron con entusiasmo los herederos de la misma en este lugar.
Se trata, en pocas palabras, de la Cuarta Cultura en Cuauhtémoc (y no “cuarta” por ser menos importante, sino por lo tanto que se han mencionado las otras tres), la que no fue incluida en el membrete del festival cultural de cada mayo. Es la cultura oriental, cuyos representantes en la localidad han sabido mantener con orgullo y reserva, conscientes del valor que entraña esa forma de vida.
En la historia de Cuauhtémoc han quedado impresos los nombres de aquellos pioneros que cimentaron lo que hoy es una de las ciudades más importantes en el país. Ahí están registrados los nombres de Goo Chi Fong y su esposa Natalia Juy, originarios de Cantón y de Shangai, respectivamente. ¡Cómo el destino se encargó de traer hasta este punto geográfico a estas personas nacidas tan lejos!
También han de ser recordados los nombres de los famosos “chinos pelones”, cuyo negocio comercial fue fundamental para el desarrollo de esta población. Los nombres de estos comerciantes fueron Manuel y José Wong.
En la esquina de la Avenida Benito Juárez y la Calzada Belizario Chávez, frente a las vías del tren–aquí en Cuauhtémoc- prevalece un negocio comercial llamado “La Voz del Pueblo”, el cual fue fundado por la pareja conformada por María Teresa Fong (hija de Fong Go y Natalia Juy) y Andrés Wong. Dicho local es una evocación del significado histórico que ha de tener para los cuauhtemense la comunidad china.
Creo que el mantener presentes a los chinos en la historiografía local es una obligación, pero, sobre todo, es un acto de justicia. No es discutible, en absoluto, el lugar que mujeres y hombres de cultura china tienen en la historia de Cuauhtémoc.